Querida Yo:
Hace mucho que no hablamos, que no te dirijo la palabra. Disculpa si mis eternos letargos se hacen interminables para tí, pero sabes con toda certeza que me gusta tomarme tiempo para pensar las cosas importantes.
Mis últimas cavilaciones han sido tediosamente intensas: sí, un verano de por medio y, por fin, tengo esa frase que llevas tiempo esperando... aunque no será de tu agrado.
He vivido tanto contigo... desde alegrías hasta penas, y no me arrepiento de ello. Lo que me ha hecho tomar esta decisión han sido todas esas pequeñas cosas que me impedías hacer por vergüenza, por ridículo, por... llámalo como quieras, pero el hecho es que no me dejabas hacerlas.
Ahora... debo deshacerme de tí. No, no estés triste, simplemente rasparemos la superficie, la eliminaremos tan fácil como se elimina la piel de una serpiente en época de muda, no necesitaremos mucho trabajo. Por supuesto, la esencia siempre quedará, no estoy dispuesta a renunciar a ella... con limarnos un poco ya nos llegará.
Hemos de asumir ya lo que somos, lo que queremos y lo que sabemos que podemos hacer; debemos dejar de vagar como si de un peregrino nos tratáramos. Entrar a la sala, hacer resonar nuestros zapatos, sin importar que nuestro eco retumbe en las paredes, en el techo, subir al escenario, y... demostrar al mundo quienes somos.
No te preocupes, no estaremos solas... nos acompañaremos la una a la otra.
Siempre contigo,
Tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario