miércoles, 15 de diciembre de 2010

Fuente de juventud.

Era muy joven. Demasiado joven para tener las cosas claras. No tenía ni idea de cómo era el mundo, cuando de repente se metió en ese foso de oscuridad y angustia llamado adolescencia. Fue ahí cuando empezó todo. Mundo nuevo, gente nueva, decisiones que tomar, cosas que hacer y no hacer... era demasiado duro, demasiado cruel para su inocente alma. Pero de repente apareció Ella.
Se presentó sin más, esperando crear amistades nuevas. Se quedó sin palabras, y lo único que pudo decir fué "¡Sí!" cuando Ella preguntó si podía sentarse a su lado. La emoción irradiaba de sus ojos, la felicidad era latente en su corazón. Pero... ¿cuánto tardaría en que esa llama se apagara?
Pasaba el tiempo, y quedaban después de clase para estudiar, al principio. Pero eso derivó a cosas peores. No sabía que Ella era un año mayor, ni sabía en qué clase de mundo estaba metida. Empezó a aterrorizarse, pero Ella arrastraba su alma a su lado.
Llegó un punto en que empezó a fijarse en Ella: en sus ojos, en sus manos, en su forma de hablar, en su forma de ser... y todo le parecía perfecto. Empezó a sentir el sudor en las manos, las palpitaciones en el pecho, la ansiedad. Pero, ay, era demasiado joven... no sabía nada. Y empezó a autocastigarse, por sus sentimientos hacia Ella. Se encerraba en la habitación, y lloraba. Al dejar a Ella frente a su portal, se autoinculpaba. Se maniataba, se silenciaba. Se negaba a sentir nada cuando Ella posaba sus labios en cualquier lugar.
Empezó a evitarla, y se distanció poco a poco, filtrándose en la crueldad de sus compañeros, esquivando burlas, escondiéndose en su caparazón. Ella nunca lo entendió, nunca obtuvo una explicación.
Al año siguiente, Ella ya no estaba. Mejor, se ahorraba ese pozo negro, ese sufrimiento y esa mala vida... pero en el fondo anhelaba estar con Ella, volverla a cojer de la mano, rozar sus labios en sus mejillas... pero Ella ya no estaba.
Ahora recuerda a Ella de vez en cuando. Ahora ha madurado, y reconoce que estuvo a punto de caer, a punto de saltar a un precipicio con billete al otro mundo. Ahora sabe en la oscuridad que Ella le introdujo en su corazón.
Pero sin embargo... Ella ayudó a su aceptación, proporcionó su fuerza interior y sus ganas de vivir, alentó lo bello y lo terrible, mostrando que lo prohibido también tiene su sabor agridulce.
Ahora ya es mayor, y recuerda a Ella a menudo... y sonríe amargamente.

3 comentarios:

Sergio dijo...

Siempre acabas tus textos con una sonrisa, aunque de diferente tipo. Curioso.

Victoria dijo...

¿Y de toda la entrada... solo te fijas en eso?
Hay que ver...

Alba Flores Robla dijo...

Me gusta entera, pero me encanta cuando dices "alentó lo bello y lo terrible" :) (que muchas veces coincide)