Hace poco empecé la universidad. He de reconocer que los nervios me comían al principio, el miedo a no dar la talla, a no ser aceptado. Pero nada más llegar caí en la cuenta de que no era la única que debería sentirse así. Que yo, y el resto de mis nuevos compañeros teníamos esa misma sensación de pánico escénico; como si te sintieras un conejillo de Indias, imaginando que todas las miradas se clavan en ti, y te observan. Tal vez sean manías mías persecutorias... el fin es que, tres semanas después de haber empezado, he visto que no solo es mucho mejor de lo que siempre imaginé, sino que, sinceramente, me hace terapia de todo aquello que pensaba que nunca podía borrar. Gracias a ello, he empezado un nuevo camino, una especie de nueva etapa en mi vida.
Tal vez sea yo, que estoy paranóica y empiezo a delirar, quién sabe.
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