lunes, 28 de noviembre de 2011

Dreams of fire.

Estaba enterrada entre la hojarasca, desorientada. No sabía dónde estaba, no recordaba nada. Me levanté, y mi capa carmesí ondeó con el viento, suave, fresco. El sol empezaba a caer, y los últimos rayos anaranjados traspasaban las hojas de los altos árboles. Sentí una imperiosa necesidad de correr hacia donde el viento me guiaba, y corrí, con todas mis fuerzas. Mis pies descalzos rozaban las hojas caídas como plumas, parecía que volaba. Era una sensación completa de libertad.
De pronto, las ganas de correr se fueron. Y paré en seco. Estaba en un claro, la noche ya empezaba a hacerse paso a través del bosque. En el claro había tres círculos, pequeñas hogueras, dispuestas a su vez en un círculo.
Sentí de debía meterme en ese círculo. Entré, y observé con atención esas hogueras. Una de ellas había perecido, hacía mucho tiempo. Era pequeña, y tenía un pequeño muñequito de trapo. La observé con nostalgia, preguntándome por qué ese sentimiento me atenazaba tan sorprendentemente fuerte, y me giré a la otra. Brasas incandescentes permanecían en ella, sin querer apagarse. Me extrañé, y miré a la última. Esta era nueva, impecable, impoluta. Sentí que algo estaba a punto de pasar.
De pronto, un ataque viento feroz creó un remolito del cual yo era el centro. Cerré los ojos fuertemente, asustada, y esperé a que pasara. En un momento todo pasó. Cuando abrí nuevamente los ojos, eso que tanto estaba esperando, con unas ansias inauditas, sucedió.
Las brasas se apagaron, definitivamente. Y la hoguera, nueva e impecable, se encendió por arte de fuego, con una llamita vergonzosa, tímida.
Supe que debía protejer esa hoguera con mi vida. Supe entonces que había otra oportunidad de mantener vivo ese último fuego.

1 comentario:

Álvaro dijo...

Puntito número 1. Me gusta el nuevo fondo.
Puntito número 2. A-FÚ! Que soy de letras, chata.