No paraba de dar vueltas. Como un remolino, turbio, sucio y embarrado.
"¿Qué has hecho?"
No entendía nada, no sabía nada, solo sentía. Ira. Llevaba tanto tiempo sin sentir que la ráfaga la tiró al suelo.
"¿Qué has hecho?"
Una y otra vez, en bucle. La ráfaga se volvió vendaval, y aún oponiéndose al viento cortante, perdía el equilibrio y se le levantaban lo pies.
"¿Qué has hecho?"
El vendaval paró, tan rápido como vino, se fue, dejando tras de sí una nube de polvo rojizo, basura esparcida y confusión.
Y vacío de nuevo.
Se dio la vuelta, aturdida, y salió corriendo. No volvería a la arena. No hasta que no supiera sobrevivir a ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario